¿La Burbuja del Bitcoin?

Se produce un gran encontronazo en las redes entre los amantes y los detractores del BTC, no parece haber término medio. Incluso dentro de la misma ideología, las visiones sobre esta criptodivisa pueden ser opuestas. Los contrarios a este tipo de moneda suelen decir que es una burbuja. Intentaré explicar porqué creo que BTC no es, no a día de hoy, una burbuja, aunque no deba descartarse en el futuro.


Primero diré que no me encuentro entre sus más acérrimos defensores. Bajo mi punto de vista, en una divisa fiduciaria más. Desde luego, tiene la ventaja de no tener control de bancos centrales ni organismos fiscales ni ser infinita, pero a cambio ofrece otros problemas. El primero, no poder atesorarla físicamente, el segundo: depender del funcionamiento de internet y, el tercero, depender de la electricidad y los nodos. A cambio, el oro ofrece tangibilidad y, ese sí, absoluta intrazabilidad.


Sin embargo, me parece que la criptodivisa pionera está muy lejos de poder ser una burbuja. Comparemos con un par de famosas burbujas: la de los tulipanes y, recientemente, la de las viviendas. Aunque podemos hacerlo también con el mercado bursátil de los años 20 del SXX o con la de internet de principios de este siglo, todas tienen unas características necesarias que no se dan en BTC.


La primera, la penetración de mercado. Todo el mundo compraba tulipanes. Todo el mundo invertía en casas. Y cuando digo todo el mundo, es todo el mundo. He conocido carretilleros que estaban acostumbrados a hacer pases con terrenos o viviendas. En esa época, los porteros te comentaban también lo que estaban ganando en bolsa. He conocido mozos de almacén con hipotecas que llegaban al 80% de su salario. Y esto nos lleva a otra condición: el pasivo.


Que la inversión en esos activos suponga como contrapartida un pasivo es característica muy importante a la hora que haya consecuencias importantes. Para los tulipanes, los futuros se empezaron a usar como método de compraventa. Alguien vendía tulipanes a seis meses, a un precio altísimo, y usaba esos instrumentos de cobro para apalancarse y comprar una casa, mejorar el jardín o lo que estimara necesario. Para las viviendas, la gente compraba con el dinero de las hipotecas. Los futuros eran escritos en trozos de papel, y las garantías exigidas por los bancos durante el boom inmobiliario tenían un rigor parecido. También he visto como a la gente se le contabilizaba salarios un 20%, o más, por encima de lo documentado, además de conceder hipotecas al 120%. Había una verdadera lucha en la venta de hipotecas, en las que el jugador más sucio era el banco.


¿Qué significan estas dos cosas? Pues que hay todo un mercado derivado no de la compraventa del producto en sí, si no de todo lo que se ha comprado gracias al apalancamiento: coches, muebles, vacaciones, salarios, acciones, bonos…todo un consumo pagado en efectivo mediante préstamos, basados en una promesa de pago. En cuanto el precio del bien cae, los pagos acordados no pueden hacerse efectivos y aquellos con promesas de pago se quedan descolgados, o los que prometieron pagar, arruinados. Toda aquella economía generada a partir de aquellos cuentos de la lechera, de repente, se frena: no se venden coches, ni muebles, no más vacaciones, ni salarios, venta de acciones en cadena, y de bonos y de todo, porque los efectos llegan hasta al quiosquero.


¿Se dan estas características con el Bitcoin? Es imposible conseguir información fiable de esto, pero apuesto a que no.


En cuanto a la penetración de mercado, los poseedores de BTC son pocos, comparados con el mercado total. Piensa ¿Cuánta gente conoces que tenga, que reconozca tener BTC? ¿Cuántos que sepan lo que es?¿Cuántos que sepan lo que es el blockchain? Y si conoces a muchos, ¿Cuántos BTC tienen? Llegar a comprar 100.000€ en BTC es muy difícil o pesado, y si los quieres ya, tienes que conocer a alguien que los tenga. Las casas de cambio de internet tienen límites claros para poder comprar BTC. Encontrar inmuebles de 100.000€ era bastante fácil, y con cualquier salario te la financiaban. En algunos casos, hasta sin salario. La primera de las condiciones no se da, todavía.


El segundo condicionante, la generación de pasivo, tampoco. Te desafío a que vayas al banco a que te den un préstamo para comprar BTC. Si estás tan loco como para hipotecar tu casa para comprarlas, vas a tener que pasar por tantos trámites que la oportunidad de compra te desaparecerá, y además tienes que tener la vivienda libre de cargas. Puede que haya empresas de minería financiadas con préstamos, o incluso servidores de carteras de BTC financiados con pasivos, pero la masa monetaria es tan residual que no podrían originar ninguna debacle financiera global, ni local. Es decir, el que compra BTC lo hace con dinero en cuenta y nada más, o quizás a cambio de trabajos realizados. Pero igualmente, nadie dará un préstamo en divisa fiduciaria estatal a aquel que esgrima ingresos en BTC. Es más, mientras la compra de la casa suponía crear un pasivo, la divisa virtual no crea ningún pasivo, que es una enorme diferencia, también, con nuestro sistema fiduciario actual: todo el dinero de tu cartera o de tu cuenta es dinero que alguien debe a alguien, mientras los bitcoins son tuyas y sólo tuyas.


El crecimiento del precio sólo obedece, hoy por hoy, a las ventajas añadidas que, como producto, ofrece el BTC. Sin control de los Estados, sin necesidad de bancos y con transacciones globales, el público considera esos elementos interesantes para poder realizar intercambios. Sería interesante poder saber cuántas BTC son atesoradas y cuántas se han perdido por no disponer de las claves. Es una innovación absolutamente disruptiva que está funcionando como bien secundario del oro. Hoy, la extracción de oro está en manos de grupos empresariales y dista mucho de aquellas fiebres del oeste americano. Los primeros mineros de BTC se asemejan a aquellos aventureros, y los pequeños poseedores de hoy, muchos, los obtienen por su trabajo, como puede ser en países subdesarrollados. Ojalá muchos de esos se estén haciendo millonarios.


Una razón que esgrimen los ‘burbujistas’ es que el BTC no representa nada, que sólo son código. Básicamente, es lo mismo que nuestras divisas actuales, pues. “Si, pero nadie lo controla.”, comentan. Si acaso, eso es un punto que los usuarios valoran positivamente. Pero es que hay que saber que los medios de intercambio tienen como subyacente el medio mismo. No son acciones, que representan una participación, ni se comen. Como el oro, no representan nada y tienen escasa utilidad aparte de como medio de intercambio. Vale, el oro se usa en electrónica, pero de manera residual. Otra parte del uso del oro es joyería, o bien como soporte o bien como ornamento. Es decir, no representa más que lo que es, oro, y su uso en joyería se debe a la ostentación.


Si el BTC acaba siendo aceptado popularmente como forma de pago, su precio es todavía incalculable. No podemos pagar en con ellas en el mercado, ni en el dentista, ni en Amazon(por lo que está muy alejada de haber penetrado realmente en el mercado). Su capitalización es Agosto era de unos 50mM$, muy alejada del total M3 agregado de la Euzona y el dólar. La cantidad de esas divisas disponible no hace otra cosa que crecer. Con un total de 21M de criptodivisa en circulación, y si supusiera la mitad del mercado del euro, no es de extrañar que un BTC pudiera superar los 250.000€. Eso, sin contar la cantidad de dólar, yen o libra disponible, y si los gobiernos no la persiguen y todo sigue como hasta ahora. Hoy por hoy, el precio es menos del 5% de eso.


Los peligros son varios. El más comentado, la ilegalización. Viendo como esta divisa ha sido utilizada, en sus orígenes, en el mercado negro, no se si eso puede suponer mucho peligro, pero algo hay. Además, habría que ver si los gobiernos averiguan cómo encontrar criptodivisas. Pero desde luego que el corte de internet es una posibilidad para cargárselas.


Otro peligro es la encriptación. Me comentan algunos que los ordenadores cuánticos reventarán el código en un abrir y cerrar de ojos, por lo que tendría fecha de caducidad. En el momento en el que el código cayera, todo se iría a la basura.


El éxito de BTC ha sido tal que tiene competencia. Las ‘monedas sociales’ son anteriores al BTC, por lo que ya existía una demanda de monedas no gubernamentales. De facto, las monedas sociales han permitido a gente salir de la pobreza. El mercado del BTC está ahí. Sabes que un producto ha triunfado cuando le copian, y existen muchas opciones al BTC, aunque de menor penetración. Esto nos indica que las divisas alternativas, cripto o no cripto, están para quedarse. Son mucho más manejables que el oro o la plata, y parece que más accesibles, ya que la educación nos lleva tiempo diciendo que son una reliquia del pasado. Por tanto, las mentes que han sido educadas en el odio o la desidia hacia el oro, sufren de atracción al BTC. Pero, podría ser, que esta cripto no ganara la carrera de divisas virtuales.


El futuro de las monedas virtuales, en concreto la del objeto del artículo, es prometedor. Proliferan los cajeros, crece su aceptación y todavía están por desarrollar fondos de inversión y un largo etc. Tienen mucho mercado que absorber, y es una posibilidad real que la muerte del dólar no sea provocada por los chinos, sino por el BTC. Son el arma más poderosa, hoy, para todos los descontentos con el sistema. Casi es una obligación poseerlas, desde un punto de vista ideológico, igual que el oro. Aunque si se puede elegir un poco de todo, guardaría más en oro, que es lo que acumulan los bancos centrales(¿Para qué, si son una reliquia del pasado?). China intenta controlar ambos.


Si todo continúa como hasta ahora, ¿cuándo será el BTC una burbuja, y de qué proporciones? Con todo igual, una sobrevaloración de este medio de intercambio sería comparable a una burbuja en cualquier otra divisa: dólar, euro o lo que fuera. Generalmente, las estatales se dan por una sobreimpresión de moneda, algo imposible con el BTC. Hemos visto cómo el euro ha llegado a caer un 20% de una hora a otra(¿recuerdan Suiza?), aunque llegó a recuperarse. Dudo que esto pudiera pasar con el BTC, sin una estructura de creación de pasivo acorde, es decir: prestamistas. Así pues, es difícil de evaluar.


Hay que mirar a este nuevo producto sin pasión y entendiendo para qué sirve y porqué se usa. Después, saber que los gobiernos no renunciarán al ilimitado poder que les otorga poseer la máquina de imprimir todo el dinero del mundo. Por último, valorar el mercado potencial y pensar la manera en que los usuarios la demandan. Ha dejado de ser cosa de frikis o vendedores de droga, eso está muy claro ya.


En cuanto al análisis económico general, nos encontramos en una anomalía histórica, con todo el mundo dependiente de divisas fiduciarias de impresión infinita. Esto, nos dice la historia, no durará. Además, ira pareja al cambio de equilibrio de poder en el mundo. Esto, nos cuenta la historia, también ocurrirá. No cuesta mucho poseer algo de oro y BTC, una cantidad residual que no nos suponga un gran esfuerzo. Mientras el coste puede ser mínimo, si todo va mal, los beneficios pueden ser incalculables.


Este artículo es sólo mi opinión, y no es la opinión de un gurú ni de un gran inversor. El inversor debe valorar los riesgos y asumir sus responsabilidades. En ningún caso tengo una bola de cristal que prediga el funcionamiento de los instrumentos financieros aquí descritos.



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