A La Rica Plusvalía

¿Qué es la plusvalía? Parece ser el valor añadido(medido como diferencia entre precio y coste) que un objeto adquiere cuando pasa de ser materia prima en transformación a producto terminado. A partir de aquí podemos encontrar dos opiniones: las deterministas de la plusvalía, o marxista, y la relativista, o de libre mercado.


Para los deterministas, la plusvalía se calcula de manera exacta, en función de parámetros como horas de vida útil del producto terminado, horas de trabajo manual aplicadas a la manufactura del producto o los distintos costes de las diversas materias primas que han dado lugar a la manufactura. La plusvalía, por tanto, siempre será positiva y calculable. Esto se aplica también al mercado de segunda mano, pese a lo incompatible que resulta un mercado de segunda mano con el determinismo económico.


En mi opinión, que soy más de observar la realidad para comprenderla que de imponer mi criterio sobre las realidades físicas, la plusvalía puede ser positiva o negativa. Básicamente, la plusvalía sería la diferencia entre el precio venta del producto y su coste de elaboración. Depende, por tanto, de los beneficios que el comprador atribuye a la manufactura.


Comparemos dos estructuras de negocio para un mismo producto. En la primera, un empresario contrata a un trabajador, Juan, por 1 oz/mes. En la segunda, un trabajador, Pepe, decide retener la plusvalía en su poder convirtiéndose en autónomo, asumiendo la venta y planificación de la producción.


Estos trabajadores necesitan ingresos diferentes para vivir. Con 1 oz, Juan paga su casa y gastos familiares. El trabajador autónomo, Pepe, necesita más cantidad, ya que debe asumir, además, los gastos del negocio: local, herramientas, gastos de venta etc. Existe, de repente, una conclusión: Pepe debe trabajar más deprisa porque debe vender más unidades para obtener el mismo rendimiento neto, aparte de tener unos gastos extra no estrictamente productivos: venta, administración etc.


Pepe debe haber encontrado un método para producir más rápido que Juan, que está por cuenta ajena y tiene menos tareas que realizar y menos gastos que asumir. En el mismo espacio de tiempo, debe generar más ingresos porque genera más gasto. La incertidumbre está más presente en la vida de Pepe que en la de Juan, que tiene a alguien que se encarga de la venta y administración.


Es que además, Pepe tiene que encontrar clientes. Es muy posible que la temporada de venta no sea estable y deba organizar bien su estructura temporal de gastos. Quizás incluso necesita la ayuda de una línea de crédito, que le ayude a pagar sus costes generados anteriores a las ventas, con lo que hay tareas y costes añadidos.


Ese mes ambos produjeron dos sillas, que se vendieron a 2oz/silla, un total de 4oz. A Pepe le han quedado limpios 2 oz, que son las que se reparten Juan y su empleador. Juan recibe 1oz, Pepe 2oz. El empresario otra.


A Juan le gusta la estabilidad y los horarios fijos. Está dispuesto a pagar 1oz por deshacerse de la incertidumbre. Juan paga a su empresario para que realice esa labor, la mitad de sus ingresos. A cambio, espera que no le falte trabajo jamás, y haber podido ahorrar lo suficiente para estar jubilado el último tercio de su vida. Pepe no sabe si podrá jubilarse, pero sabe que si encuentra una manera mejor de hacer sillar es posible que lo consiga. Afortunadamente, los precios de las sillas cubren costes, pero ¿qué pasará si alguien encuentra una manera más eficiente antes que el?¿Seguirá teniendo precios aceptables?

Juan está, mientras, tranquilo en casa. Sabe que su jefe no ha vendido las sillas, en realidad, pero que adelanta el dinero porque está convencido de venderlas. Ojalá. Aunque no sea así, ese dolor de cabeza no es de Juan.


Así pues, no existe el concepto marxista de apropiación de la plusvalía, si tal cosa realmente existe. No puede ser determinista. Eso sólo es posible con intervención total de precios y dirigismo social, para que no haya costumbres que se salgan de lo normal y destruyan la planificación. Hay muchos ejemplos en la historia en los que se intentó, y siempre fracasó.


El empresario planifica, vende y administra una sociedad que proporciona ingresos recurrentes a sus clientes, a cambio de un trabajo. Es decir, que el empresario debe considerar a sus trabajadores como clientes, pero la transacción económica es en sentido contrario. El trabajador por cuenta ajena paga al empresario por las tareas e incertidumbres que no le apetece padecer.


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