El Tiempo como Regulador del Tipo de Interés

Un factor económico determinante es el tiempo. Aún si hubiera abundancia de recursos, el tiempo se filtra como la variable económica inexorable en toda vida humana: es el elemento finito que condiciona gran parte de nuestras decisiones. Hacia el final de nuestros años, perdemos vitalidad y fuerza, que habíamos ido ganando paulatinamente.

Es fácil deducir que a medida que nos acercamos a la muerte, tenemos menos tiempo para disfrutar de nuestros bienes, sean ellos materiales o inmateriales. Valoraremos más aquellos bienes recibidos antes. Eso es debido a que, a medida que nos acercamos a la muerte, dispondremos de menos tiempo para disfrutar de ellos. Incluso, es posible que aquellos bienes que valoramos de jóvenes carezcan de utilidad en nuestra vejez.

Podría decir que, como humano, me gustaría disfrutar en mi vida de mil millones de horas de sexo. Agruparlas todas juntas me parece un poco cansado, así que prefiero distribuirlas a lo largo de sesenta años. Así pues, podría optar por un salario (o un sexario) de unas 16 horas de sexo mensuales. Pero si sólo me quedaran 30 años de vida, exigiría disfrutarlas a razón de 32 horas semanales (nota: no sé si los cálculos equivalen a mil millones de horas, he establecido una ración media suficiente). Quizás a los 20 no es el mismo sexo que a los 50, pero que tampoco me quiten lo bailao, vaya. Así pues, un bien recibido en el futuro tiene menos tiempo de disfrute que en el presente, e intercambiar ese plazo (recibir un bien más tarde, en vez de en el presente) conlleva un alza en el precio. Este alza del precio no debe confundirse con la inflación, ya que tan sólo está compensando el interés del receptor por el bien recibido, y no es consecuencia de un aumento de base monetaria.

Es la razón por la que el salario de los trabajadores representa sólo un porcentaje, alto, del total de las ventas de la empresa, una vez descontados los costes no humanos. El empresario adelanta la retribución a los trabajadores. No espera un año a consolidar cuentas, retribuye en el momento. Al recibir el salario, el trabajador dispone de más tiempo para disfrutarlo y también más tiempo para compaginarlo con otras ocupaciones y compensar su salario con más ingresos. De hecho, el empresario ni siquiera tiene porqué tener la certeza de obtener rendimientos de ventas, con lo que el trabajador puede estar percibiendo un beneficio falso. En este ejemplo comparamos, sobre todo, trabajador con accionista, los emprendedores ejecutivos tienen una consideración más profunda a la que añadir el trabajo desempeñado (también los otros se merecen que escriba alguien con mejor nivel, pero oye… soy libertario y no me callarán).

En este razonamiento se fundamenta el tipo de interés del dinero. Si le dejas a alguien el tuyo, para que lo disfrute en tu lugar, exigirás que te devuelva lo mismo más una pequeña parte añadida, que te permita compensar en el futuro en tiempo que has dejado de disfrutar en el pasado.

Que el BCE o cualquier otro banco central se cargue esta relación es cargarse la relación que tienen los humanos con sus recursos, generando la percepción de que el disfrute debe ser inmediato, ya que cuanto más tiempo pase menos se disfruta. Ojo, no que haya menos tiempo para disfrutarlo y por tanto no se podrá disfrutar, quiere decir que la sensación de disfrute disminuirá. Es decir: que el consumo de un bien es menos satisfactorio en el futuro que en el presente. Es decir, que estoy dispuesto a renunciar a horas de sexo en mi vida. Quiere decir que es razonable que alguien diga: si me las das ya, dame dos horas de sexo. Pero la semana que viene me gustará menos, querré una y media. En realidad, es posible que disfrutemos más de los bienes cuanto más conscientes seamos de su pérdida. ¿Acaso no es así? Juntar sentimientos y economía parece extravagante, pero es en estas simples relaciones en las que encontramos las verdades infalibles de esta ciencia social, etérea y por tanto pervertible por las mafias. Aunque también encierra la paradoja: ¿cuánto podría esperar para que no importara que no tuviera que entregar sexo en absoluto y librarme del pago?

Significa que más vale pagar facturas ahora que más tarde, puesto que el banco me quitaría interés por el dinero acumulado, al igual que significa que puedo retrasar tanto el pago que no tuviera que pagar nada. Quiere decir que estás dispuesto a pagar más por un bien, ya que en el futuro tendrás menos dinero de todas maneras, debido al desgaste. Es decir, lo mismo te da pagar ahora 1 unidad monetaria por una manzana que 0,90 dentro de un mes, junto con 0,1 que te ha quitado el banco en interés. Comparar el interés negativo cobrado a los excesos de depósito en la banca central con su repercusión en la inflación debe ser un ejercicio que alguien estará tecleando en su Excel, entiendo. Quemando dinero de todos.

Como eso les pase a todos, la cuestión será poner a la venta el producto cuanto antes mejor, antes de que el consumidor haya visto pudrirse parte de sus unidades monetarias. No sólo perder valor por la inflación (impresión de moneda), pudrirse directamente. Eso puede motivar a algunos a pagar un sobreprecio añadido. Pero, sobre todo, puede desmotivar a algunos de la inversión a largo plazo.

Así pues, tenemos al gobierno con una vara intentando hacernos gastar todo lo posible para solucionar sus flujos de caja. Durante cuánto tiempo será esto sostenible, y cuánta vara tendrán que usar en el futuro es inimaginable. Que todo esto no nos haga vomitar de miedo es peligroso. Que además esté recibiendo apoyo popular e incluso docente, suicida.

Es importante entender, pues, que los intereses no son parte exclusiva del mundo de las finanzas. El interés que mostramos en los bienes, derivado en interés financiero, tiene una profunda raíz en la economía, que no es más que la forma en la que nos enfrentamos los humanos a la escasez de recursos, el tiempo siendo el rey de todos ellos y que inexorablemente condiciona las decisiones de todos nosotros. Así pues, el tiempo y no Dios o el Estado, es el que todo lo da y todo lo quita, el que nos convierte en polvo desde el polvo, el que creó la tierra y los animales y el que habrá terminado cuando ya no nos quede más. Somos sus súbditos y contravenir sus relaciones es como escupir saliva y tragar tierra: está bien si eres un niño jugando, pero no puedes establecer una dieta prolongada.


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