A la Era de Acuario con Nuevo Vocabulario


El desafío de los próximos siglos es el cambio de la Era de Piscis a la de Acuario. Durante estos años veremos cómo nacen diversas opciones de fe, de pseudociencias e ideologías. El mundo comienza un sendero tenebroso. Sea esto mito o certidumbre, lo cierto es que añade perspectiva épica al desafío de la concienciación libertaria mundial. Tal motivación no debe desdeñarse.


Para una nueva era, necesitamos un nuevo vocabulario. Compasión o misericordia fueron términos que cobraron fuerza con la aparición del cristianismo. No eran más que una nueva forma de ver la misma fe: fe en alguien que nos cuide de ti y libre la vida de incertidumbre. El camino que llevamos es que el Estado sustituya a Dios y nos enfrentemos a una nueva forma de esclavismo. La deriva comunista mundial nos obliga a los ateos a vivir en silencio, a conocernos por las redes, a sentir que conspiramos. Nos consideramos culpables de creer que el Estado no existe, como no hay Dios, y moriremos quemados en hogueras con el aplauso ciudadano.

O bien nos revolvemos y cambiamos el paradigma. Debemos, pues, cambiar la forma de comunicarnos como los comunistas han cambiado el significado del lenguaje. Su técnica funciona, vamos a copiar ¡que somos libertarios!

Nuestras propuestas son más reales, más justas, más factibles, más autorealizantes (si eso significa algo), más responsables pero menos mágicas. Sólo hace falta eso: magia. Es mi idea iniciar un camino, ya que no estoy a la altura intelectual de establecer la carretera: ojalá recojáis el concepto.

Propondré algunas cosas.

Si el sistema de propiedad privada aplicada a colectividades funciona mejor que la democracia, nuestro término nuevo debe reflejar eso. No hace falta que sea una palabra inventada, es suficiente con darle un nuevo significado o añadir un prefijo o sufijo a lo ya existente. Juguemos con las palabras, como los niños con sus juguetes. Como ejemplo reciente: democracia real. Es bueno, se entiende rápido. Quizás demasiado largo. Para la propiedad colectiva privada, dividida en acciones (otra palabra a reinventar) podemos hablar de Sistema de Participación Directa, pero es demasiado largo. Democracia directa es mejor pero confuso. Así pues, os animo a inventar a ver qué cuaja.

Acción, como parte alícuota de propiedad, es una palabra llena de prejuicios y asociaciones dinerarias. Es mejor usar algo que represente un reparto de beneficios, una solidaridad o incluso beneficencia. Me gusta la idea de que sea un boleto de reparto social, abreviado: boletos. ¿Por qué una acción es un boleto de reparto social? Es una participación en beneficios, que si se distribuyen al accionista proporcionan rentas. El capital suficiente puede proporcionar rentas suficientes como para vivir por cuenta propia sin necesidad de vender nuestro tiempo a cambio de panes(de divisa, quiero decir). Hace años eso se llamaba capitalista. Ahorrando para poder reinvertir y no tener amo. Ahora eso significa que el trabajo de unas personas te permite vivir, como una pensión. Y si eres pensionista es porque los beneficios obtenidos por ese trabajo se reparten, socialmente, sin prejuicios por clase, religión, edad o cualquier otra distinción. Suscita inmediatamente la pregunta: ¿cuántos boletos debo comprar para asegurarme la pensión, y a qué edad podré dejar de trabajar? Añade una ventaja: se pueden transmitir una vez muerto, ergo puedes asegurar otra vida, cuyo tiempo podrá dedicarse (si se quiere) a la cultura, la uniformidad moral o cualquier otra actividad reverenciada por el progresismo.

Se me olvidaba, los dividendos serán pensiones y se pagarán en panes. De este modo, un hospital, hasta ahora público pasaría a ser un proyecto de participación ciudadana directa repartido en boletos. Si lo digo así es difícil de entender (por eso es bueno). Pero si lo traduzco: Un hospital público se convierte en una cooperativa, que repartirá participaciones entre los posibles receptores de sus servicios. En caso de tener beneficios empresariales, estos deben revertir en los accionistas o en la mejora o inversión en el servicio, según los estatutos de la cooperativa, en adelanteProyectos de Participación Ciudadana o PPCs.

Es clave que los nuevos términos reacuñen en sí mismos términos sociales progresistas o palabras de beneficencia. El público objetivo de esta gramática es la izquierda, y es necesario explicarlo de manera que lo entiendan, primero, y que se pueda convertir en dogma, después. Es muy importante no alterar los conceptos reales: libertad, propiedad privada y contratos. Pero hace falta asociarla a nuevos receptores cerebrales.

Ya vimos que las cooperativas serian Proyectos de Participación Ciudadana. Hace tiempo que la libertad de iniciativa privada resolvió los problemas que presenta el comunismo, mediante cooperativas o asociaciones pueden crearse los reductos comunistas cerrados que se desee, compitiendo libremente en el mercado. El mismo funcionamiento que tiene una casa okupa con mercadillo tienen, por ejemplo, los supermercados Consum. Hay también muchas ONG que prestan servicios de Seguridad Social, aunque no necesariamente en el país en el que recogen la divisa.

Haré aquí la salvedad de que, pese a describir tantas formas habituales de sociedades mercantiles legales, en realidad no habría ley que las definiera. Tan sólo sus estatutos marcarían sus funciones, y estos siempre son susceptibles de cambiar. La única forma estatutaria a establecer será la de aquellas empresas públicas que se privaticen. Un trabajo bien hecho y no radicalmente rupturista facilitarían la transición.

Divisa, no nos olvidemos. Insisto mucho en que debemos usarla en vez del término dinero. Pero falta una palabra para el oro o la plata, para el concepto de un patrón monetario estable. Encontrar algo que refleje el reparto de los bienes del mundo sería bonito, algo como PAN: Participación Autónoma Nacional. El objetivo sería que el dinero pasara a llamarse el pan, y al decirlo entero entender que es esos panes no sólo dan de comer, también representan una parte de la riqueza nacional total. El término Nacional es importante para los jacobinos, esos que no son del todo ateos.

El término panarquía para definir la foralidad personal en vez de la legalidad estatal es importante. Está poco usado y tiene una asociación comunista clara. Hay que difundirlo.

Como veréis, el ADN de este nuevo lenguaje deben ser los referentes progresistas. Hay que reconocer que el lenguaje de la izquierda es más empático y protector, no debemos renunciar a ello ya que sabemos que nuestro sistema protege mejor y es más solidario. Como diría Pablo Iglesias, la política implica contradicciones. Nuestros puristas deberán admitir laxitud lingüística por el fin último, no queriendo decir esto que el fin justifique los medios. No debemos nunca cambiar el concepto, pero el lenguaje es un invento humano en movimiento, y es necesario redefinirlo cada vez que la sociedad cambia sus referentes inconscientes.

Vamos, que los proyectos colectivos de supervivencia (sociedades anónimas) repartirán pensiones cuando puedan(su misión es mantenerlas en el futuro) pagadas en panes. Y serán hereditarias. El empresario retoma así su verdadera vocación: la creación de riqueza. Para los oportunistas tenemos otros nombres.

Como el libertarismo permite la apatridia, la aparición de núcleos comunistas independientes no es fácil de retener, aparecerán y harán bien, competirán por encontrar un mejor orden social o, como poco, para proporcionar multitud de órdenes sociales. ¿Por qué no iba un pensionista a querer vivir en una comuna? Quizás mejor: ¿Y si quiere, se lo debemos impedir? Esas nuevas comunidades no irán adscritas a un territorio, por lo que inmediatamente aparece la idea de foralidad personal, un término aún no manipulado y perfectamente accesible.

Otra palabra que hay que desterrar es funcionario, para evitar que se sientan atacados y poder no defenderlos. En los nuevos PPC, el empleado público pasa a ser empleado del ciudadano, o ciudanario. En caso de médicos, bomberos o policías, su destino es fácil, puesto que serán asignados a núcleos poblacionales. El caso de los burócratas es más difícil, organismos como Hacienda o dispensas de permisos desaparecen. Aun así se integrarán en los distintos servicios cooperativizados, como cooperativistas y trabajadores. La cooperativa estimará lo que hacer con el puesto. O bien se pueden crear cooperativas de servicios de los antiguos trabajadores, con contratos de servicios asociados a las distintas prestaciones. El grado de destrucción del pasivo laboral heredado puede no ser tan veloz como desearíamos, en pro de la convivencia pacífica transicional a un sistema libertario. Pero esos puestos se amortizarán a medida que se jubilen.


¿Cómo afrontar la deuda de España?

España es de los españoles, y debemos luchar por el derecho a que nuestra opinión cuente. Debemos arrebatar la seguridad social y el patrimonio, que es de todos, de las manos de los políticos, y devolverlo al pueblo. Cuando todo eso, hospitales, patrimonio, escuelas, se haya repartido a la gente en forma de Proyectos de Participación Ciudadana, podremos asignar la deuda a cada entidad, y conocer los plazos de esa deuda. Esa deuda se pagará, y los dueños de esas entidades decidirán si pagan como está establecido o bien renegocian la deuda o bien la pagan. Así sabremos cuánto nos pertenece a cada uno y esos funcionarios recuperarán el sentido social de su trabajo, porque serán copartícipes del proyecto. Nos libramos del político, del intermediario, y de la corrupción. Y podremos estar muy pendientes de la gestión de nuestro hospital, nuestra escuela o nuestro castillo que atrae turistas. Nuestras decisiones contarán y podremos hacer notar nuestra voz cuando no estemos de acuerdo. El responsable ejecutivo de ese sitio nos dará cuentas de cómo funciona, si los coparticipes están satisfechos y si se cumplen las expectativas. Lo importante es que la gente recupere el control del pan, que al fin y al cabo representa nuestra tranquilidad.

Vaya, cooperativizar el sector público y luego la deuda asignada se puede pagar mediante la venta de la acción, o el pago acordado previamente. Revolución libertaria hecha fácil. Hasta los problemas legales se desvanecen. Es coger el concepto de Rallo de la Revolución Liberal para España, y pensar cómo lo contaría Pablo Iglesias. Incluso con el tono de enfado, puesto que debes ser el canal por el que ‘la gente’ canalice la ira al político. Nosotros no tenemos contradicciones: somos libres. Aceptamos dinero de Irán o de Singapur, puesto que creemos en que lo que hagan los demás no nos importa.


¿Cómo aplicarlo al FROB?

Esa entidad, que es la mezcla de todos los activos tóxicos de la banca manejada por políticos corruptos, no debe revertir beneficios en la misma casta, ni siquiera mediante los sueldos que están cobrando. Deben asignarse junto al resto del patrimonio y su deuda correspondiente a los verdaderos propietarios: los ciudadanos. Y será el ciudadano el que decida qué hacer con sus bienes recibidos. No queremos romper las reglas, la deuda, incluso la ilegítima, debe asumirse. Somos el ejemplo de que la revolución social se puede hacer sin romper las reglas, el ejemplo de que es la gente la que debe gestionar el bien común. Eso es nuestro y nosotros, todos y cada uno de nosotros, decidiremos qué hacer.

De nuevo, cooperativización del patrimonio nacional dividido en acciones. Propiedad privada. No descartemos llamar a todas las cooperativas derivadas de esta privatización Propiedades Comunales, divididas en acciones enajenables, por aquello de ganarnos a los más radicales.


Sobre la independencia de Cataluña.

España no se rompe, pero la gente debe poder decidir. Al fin y al cabo, de lo que todos estamos preocupados es de cómo se gestiona el pan, y seguro que Junqueras estaría de acuerdo con dejar la independencia en una simple gestión total de los ingresos de Cataluña. Eso va a pasar, vamos a devolver el país a su gente, vamos a hacerlo gracias a las propiedades comunales. Así que tendrán absoluta autonomía sobre sus ingresos. Eso sí, la nacionalidad española se mantendrá. A efectos prácticos, es un beneficio para todos, y renunciar a derechos que ha costado tanto conseguir sería de locos. No renunciamos a que la gente puede crear sus propias comunidades con sus propios fueros y autogestionarse, para devolver el poder a la gente, para que seamos todos los que decidamos sobre lo común.


¿Y el Estado del Bienestar?

Aquellos que deseen mantener su Estado del Bienestar, deben hacerlo. Pero debemos evitar que los políticos metan las manos en lo que es del pueblo. Así pues, se tratará directamente con el ciudanario. Las decisiones serán mucho más directas que en democracia, y serán los ciudadanos, la gente de a pie, los que decidan las prestaciones y medicamentos o los temas que se estudian, incluso si su calle es peatonal o si permiten fiestas populares.


¿Pierde el funcionario su trabajo?

Todas las personas debemos ser iguales. Actualmente los funcionarios tienen privilegios por encima del pueblo, por encima de la gente. Todos debemos igualarnos a ellos, y si así se decide los nuevos PPC lo harán, si sus gentes lo quieren. Su trabajo es necesario y son el contacto entre la gente y los servicios de todos. Pasarán a formar parte de las PPC, como empleados ciudanarios. Su experiencia es necesaria y ellos son la cara ante la gente y los que mejor reciben y pueden asesorar al organismo, que es lo necesario.

Con este lenguaje todo cobra una facilidad inmensa. Estoy convencido de que provoca el rechazo del liberal que lo escucha. Sin embargo, analizado, vemos que privatiza las propiedades estatales, permite los contratos libres y da la máxima autonomía al individuo y sus libres asociaciones. Desaparece el Estado y hay tierra virgen para distintos proyectos.

Soy panarquista y creo en la multiplicidad de proyectos, incluso los comunistas. Al fin y al cabo, como una monarquía, una entidad comunista funcionará tal y como su líder gestione, y que se reparta suerte. Para mi, el reto es conseguir un reducto legal desde el que crezca el libertarismo.

Cualquiera que me diga que el discurso es fácil de desgranar y que no pasará el corte debe repensar su posición. Veo mentiras gordas en partidos políticos todos los días, lo mío es una simple redefinición de palabras o recreación de términos. No pretendo que sean los que aquí presento, algunos son ridículos, pero espero la llegada de un mesías libertario que arrastre a las masas y pueda decir esto de pura inspiración, sin papel, lápiz y goma. Puede tener múltiples formas, una es esta. Nos enzarzamos en luchas entre liberales, jacobinos y libertarios cuando la solución es más simple.

¿Cómo haría Apple la revolución libertaria? Debe dar gusto tocarla, vivirla, experimentarla, compartirla y tuitearla. Tiene que tener movimiento y dejarte absorto. El lenguaje de que asumamos nuestra responsabilidades sin derechos ni un Papá Estado o asumamos que somos humanos inútiles no acaba de cuajar, sin valorar que el 90% de la población mundial tiene algun tipo de fe(sin contar la fe en el Estado).

Adelante, poneos unas rastas y gritad este discurso a la puerta del sindicato, a ver qué pasa. Declino cualquier responsabilidad ante posibles lesiones, pero se os quiere.


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