¡Está de Moda!

Nos ha invadido sin remedio una nueva moda, la de crear países o estar en vías de hacerlo. No he podido evitar ser una fashion victim, pero es que hoy no eres nadie si no tienes un proyecto autodeterminista.

El primero fue Sealand, pionero de la libertad individual. Ni corto ni perezoso, pero sin mediar violencia, tomó una plataforma en aguas internacionales. Luego, la supo defender. Además, tiene ese componente de recuperar algo de gasto de la Guerra Mundial. Por lo que se, su último proyecto además de las pachangas, es la de establecer unos servidores para ofrecer privacidad en la red. Celebro su creación y mantenimiento. Si bien podría ser un activista más activo, supongo que los medios no están interesados en difundir su historia. Bienaventurado.

Hay algún intento frustrado, como el de Escocia o Irlanda. Las reivindicaciones sempiternas de Quebec también.

A destacar, por supuesto, el valor de Vit Jedlicka, de Liberland. Este si es un aventurero y un tío comprometido. Ese hombre ha plantado un país en medio de una de las zonas más conflictivas del mundo, con unas fronteras rodeadas de barcos enemigos. Está llevando las tareas burocráticas con esmero y recibiendo ayuda internacional, gracias a una labor muy buena de relaciones públicas.

Tampoco olvidemos proyectos en creación como el de New Hampshire. De otra manera, pero son también descubridores del camino de la libertad individual, colaborando. No tardarán en conseguirlo. Es el proyecto que me sirvió de inspiración, pero espero poder darle un toque aterritorial a mi ciudadanía, un fuero común sin fronteras.

Todos estos intentos o realidades son susceptibles de ser celebradas, por lo menos por mi. Algunas carecen de definición suficiente, pero en principio que las voluntades de las personas se respeten es algo bueno.

Celebrar la creación de un nuevo Estado por el mero hecho de serlo no es motivo de alegría per se, me temo. El diablo son los detalles, y pensar que la aparición de un clon supervisor debe de apoyarse, sin atención al detalle, es un ejercicio simplista del que se aprovechan los mantenedores del sistema.

Rothbard nos enseña más con sus hechos que con sus palabras, y es así porque ha pasado el tiempo suficiente como para que el discurso sufra leves cambios en el subconsciente colectivo. Las trayectorias de los protagonistas de los sucesos históricos al detalle son determinantes, pues carecemos de la información anterior, la monárquica, que resuelve misterios. Así es como Rothbard analiza la creación de la Reserva Federal, y ese escrutinio debemos aplicarlo, por lo menos si queremos sacar conclusiones praxeológicas

La desintegración del territorio español en pequeños subestados comunistas no sería motivo de celebración, ya fueran federales o independientes. El Estado tiene hoy más herramientas de espionaje y adoctrinamento que nunca, reducir el tamaño facilita claramente su supervisión y control.

Un ejemplo de creación de Estado perverso es la reciente declaración catalana. Ajustando los tiempos junto con la persecución policial al clan Pujol, la nación catalana debe nacer para librar a la mafia de la ćarcel. A ser posible, pasando a ser considerados como liberadores aquellos que traicionaron la confianza popular. Para eso es fundamental tomar las riendas del nuevo proceso, no conviene desmantelar la estructura financiera de una famiglia. Los motivos y la sucesión de acontecimientos es aquella que hemos leído alguna vez: un grupo violento toma el control de un territorio con el objetivo de extraer riqueza de la población. Quizás no haya sido una violencia física, pero ha contravenido la voluntad de, posiblemente, la mayoría de catalanes. Muchos de ellos, esperando encontrar una Andorra descubrirán una Argentina. La cantidad de fuerza estatista en el bloque independentista hace pensar que no es una propuesta individualista, más bien colectivista del peor calaje.


Es indudable que las relaciones públicas catalanas funcionan, y que cuanto más lejos se está de un problema menos se sabe de el. Sólo así es posible explicar cómo Lew Rockwell, abanderado libertario, celebre la génesis de un nuevo Estado opresor.

Debemos destacar también que el tamaño del Estado no delimita su intromisión. La historia nos concede ejemplos suficientes de casos contrarios (Rusia, EEUU, Cuba, Andorra, Suiza, Alemania, Venezuela, Argentina, Chile y para ya por no citar a todos). Un Estado pequeño no es necesariamente más libre que uno grande.

Por tanto, la creación de nuevos Estado no es motivo suficiente para creer que sean de corte liberador. Tampoco podemos afirmar que los Estado más pequeños son menos intrusivos. No olvidemos que los hechos deben analizarse desde el punto de vista de los protagonistas para poder aproximarnos a una posible versión de la verdad.

Si, aún creando un Estado comunista, la nueva República Catalana reconociera derechos ulteriores de secesión, incluída la personal, podríamos decir que la libertad tiene base suficiente como para florecer. Ese, me temo, no será el caso. Las peticiones son, más bien, proteccionistas e igualitarias, tomando al individuo como pieza de un engranaje en vez de como una fuente de conocimiento. Las declaraciones escuchadas en el Parlament son terroríficas. Si yo fuera empresario catalán, aún si fuera independentista, me daría prisa en escapar de un gobierno colectivista.

Pero, desde el punto de vista practico, debemos prever oportunidades de inversión. Si la República Catalana llegara a emitir nueva moneda la posición debería ser corta. No hubo casos en la historia en la que la oferta de divisa fiduciaria se contrajera en términos totales durante plazos de tiempo lo suficientemente largos. Si a eso le añades devaluaciones comunistas, puede ser una fuente de ingresos. Eso si, si tiene liquidez, que ya veremos.

Debemos superar las ataduras y desvincular al individuo del territorio, para asociarlo a un fuero. Por lo menos, legalmente. El alma pertenece a otro ámbito. La verdadera revolución es la de individuo contra Estado, y no Estado contra Estado. Celebraré cualquier creación de un marco legal que permita el desarrollo, irrestricto, de cualquier proyecto de vida que no atente contra libertades ajenas. La República Catalana es un engendro liberticida que aborrezco, lamento mucho el uso malicioso que se está haciendo de las esperanzas y deseos de los ciudadanos catalanes, que buscando un pacto de mínimos pueden acabar empezando el período más triste de su historia.


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