La Infalación

​Es un tema entretenido, la inflación. Me refiero a la inflación moderna, a la medida de la variación de los precios del consumo, no al aumento de masa monetaria. La variedad de mediciones sobre ella abruma, y los datos oficiales no convencen. A mi, durante un tiempo, me ha gustado medirla como la evolución del precio del menú del restaurante chino de la calle. El último precio en pesetas, que recuerde, fue de 495. Aún para la época era tirado de precio, especialmente porque lo mantenían en la cena. Hace unos cuatro años o cinco, cuando habían pasado aproximadamente diez, el precio era de 5.95€. El doble, en diez años, es una inflación aproximada de un 7%. Los datos oficiales eran mucho más bajos. Básicamente, este dato era una manera de comprender la evidente pérdida de poder adquisitivo que todos notábamos.

Pero esa es sólo una manera de manejar los precios. Lo mejor es hacer subidas imperceptibles, tan sólo notables tras largos períodos de tiempo. Tengo una sandwichera que compré allá por el 94, o me la regalaron. Pasó mucho tiempo olvidada hasta que, hace un par de años, necesité sacarla de una caja, para usarla. Recordaba como el dibujo del panecillo en el electrodoméstico cerraba, sellaba, el bocadillo encerrando el queso fundido dentro, que explotaba caliente y húmedo para inundar la lengua de una quemazón insoportable llenando los ojos de humo disparado por la quiebra del sándwich. Aaaarrggh. Abrí la sandwichera, cogí una rebanada sin corteza y ¡ay! el pan era por lo menos un tercio más pequeño que el dibujo.

Hace poco escribieron un artículo en el que relataban el sibilino aumento de precio de un refresco en nada menos que un 72%. Así. De un mes para otro, más o menos. El tamaño de la botella había pasado de 500 a 440ml, pero rebajando además el producto con agua. De esta manera, en vez de 50 pasaba a contener 29 servicios. Mantenían el precio. Mientras el coste de la materia prima sube un 72% el precio se mantiene, y la estadística de inflación no sufre alteración alguna.

Hablan de que el coste de un traje en la época de Roma era de una onza de oro. Hoy, por menos de la mitad consigues uno decente. La competencia ha permitido la rebaja del coste de la materia prima. El aumento de base monetaria hace que el esfuerzo necesario para la compra de la misma cantidad de materia aumente. Los precios se mantienen. En una economía tan intervenida como la actual, conocer el verdadero precio de las cosas es imposible.


La estadística de la evolución de los precios de la vivienda es muy esclarecedora. Contrariamente a lo intuitivo y a la doctrina docente, los precios no tienden de manera natural a subir, más bien al contrario. Lo vemos en los mercados donde existe liberalización y competencia: telefonía móvil o computadoras son ejemplos perfectos. El aprendizaje que deriva en competencia que provoca la rebaja del precio es condición humana. También es bonito el gráfico de la evolución de precios de la gasolina comparado con el de la onza de oro.


Lo más adecuado sería juntar dos palabras, inflación y falacia, para nombrar a la estadística que actualmente llamamos índice de precios al consumo: infalación. Y al vivir en la falacia vivimos In falacia, usando el lenguaje anglosajón o un prefijo castellano, según la audiencia a la que nos enfrentemos. Creo que por todas estas características el término infalación acabará, sin duda alguna, imponiéndose en mi casa. Debo reconocer que me ha costado muchos años hacer que mi mujer comprenda mi sentido del humor.

En el mundo de hoy, las mediciones económicas son sacar el dedo a pasear. El PIB es otra cosa divertida. Una manera de mantenerlo estable es construir lo mismo una y otra vez, cada año, derruyendo lo que hiciste y volviéndolo a hacer. El timo fiduciario se ha extendido al mercado de materias primas, el oro intercambiado en papel supera con creces a las reservas mundiales de oro.

Los servicios actuales nacen, muchos, en la gratuidad. blogs, periódicos, contabilidad, búsquedas de internet. Me pregunto cómo lidian las estadísticas de precios con estos servicios, y cómo lo incluyen en la distribución de la lista de la compra. ¿Podría haber sido posible, en un mundo no intervenido, llenar el depósito gratis a cambio de escuchar una chapa publicitaria?¿Quién pagaría publicidad si todo acaba siendo gratis? Esta podría ser una utopía capitalista, más que el vivir sin trabajar, el comprar sin dinero. Una posible derivación del turboliberalismo económico, la panacea consumista. Casi como el barco de Wall-e, pero en la tierra y con mercado del deporte.

Igual que hoy nos preguntamos cómo podían tener esas creencias hace apenas 500 años, la fe depositada hoy en el Estado y sus instituciones adoctrinantes será objeto de asombro en el futuro. Esa esperanza tenemos. Llega el tiempo de elecciones y los libertarios debemos dejar nuestras eruditas y detalladas desavenencias para empujar todos en la difusión del mensaje. Ofrecemos soluciones de participación ciudadana, de cohesión y de gestión. Por supuesto, como base están siempre las libertades civiles.

Por mucho que les pese a todos los detractores, casi todos ellos liberales, la única opción libertaria en las próximas elecciones es el P-LIB. Todos saben que el programa engloba todas las diferencias que puedan surgir ofreciendo incluso la secesión como solución final. Dentro de poco empieza la recogida de firmas, aunar esfuerzos es una prioridad, desde el punto de vista estratégico. Por favor, si estáis de acuerdo conmigo firmad. Y si no lo estáis, firmad con más razón para poder tomar tu propio camino. La libertad sin responsabilidad no existe.


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