Sep DIvI-

Espero la sucesión de acontecimientos posterior a las elecciones de Cataluña con el interés que un perro persigue un trozo de comida con la mirada: sólo me interesa lo que pueda sacar. Una victoria de Junts pel Si y la consecuente declaración de independencia es un terreno tan desconocido como interesante. Mientras no haya respuesta armada o violenta, me produce una profunda curiosidad.

Sería un poco inesperado que el sistema empezara a reventar por Cataluña en vez de por una quiebra fiduciaria fraccionaria general. Una declaración de independencia sin una respuesta contundente significaría el resquebrajamiento imparable de las leyes estatales. Esas leyes que no importan, y que por eso no hace falta conocer, como bien ha demostrado nuestro presidente. ¿Qué pueden importar las leyes cuando las fabricas tú, si hace falta las cambias. La legalidad, sabemos, depende del espacio y del tiempo, la moral perdura algo más. Pues eso, habría predicho que la era de los Estados implosionaría por la perversión última: la de cambiar el dinero por papel, monopolizarlo y cobrar interés e impuestos, y llevarlo todo hasta un punto matemático insostenible.

Pero puede que antes Cataluña inicie lo que, ocurra lo que ocurra, podría ser el siglo de la panarquía. Ante mis ojos, no tiene vuelta atrás la organización por Internet. Compartimos música, archivos, comunidades, foros o arreglamos ordenadores a distancia. Con el tiempo habrá comunidades que exijan su foro propio, organizado en la nube, como un .com o un .es. La red no sólo es un medio de comunicación, es un medio de almacenamiento y de procesos, es interactivo, para muchos o p2p, o b2b. ¡Pero si hay dinero fiduciario con validez en mercados que sólo son bits!

Cualquier cosa que transpire Cataluña independiente marcará un antes o un después.

Es posible que se respondiera a la vieja usanza. Detenemos a los provocadores y, si eso no es suficiente, seguimos con la policía y el ejército. Casi sería como perder la virginidad, y las puertas para ejercer la violencia sobre la propia población quedarían abiertas. Veríamos una muestra de lo que es introducir la puntita y el extremo al que pueden llegar las leyes para la protección de la seguridad. A partir de ahí, violar cualquier propiedad privada sería una broma, comparado con la ocupación de una comunidad autónoma. La respuesta popular a violencia indiscriminada ejercida por el Estado levantaría los estúpidos velos de mucha gente.

En caso de terminar con una Cataluña independiente, el proceso iniciado será como un cáncer en el riñón del Estado. ¿Cuál sería el grupo mínimo autorizado a independizarse?¿Bajo que premisas?¿Podrían mantener esos ciudadanos independizados el pasaporte español?¿Haría falta, entonces, territorio?

Muy bien expresado en un discurso que pude disfrutar en directo, creo que poner límites al derecho ulterior de secesión sería de difícil justificación legal. No confío mucho en la chispa de mis compatriotas, y esta será un ave que no cazaremos al vuelo. Pero la independencia catalana es una oportunidad para todo tipo de organizaciones políticas que busquen aquello que llaman utopías.

Debemos prepararnos y pensar en las premisas que nos ayudarían a declararnos independientes. Básicamente, las reivindicaciones de los catalanes se resumían en singularidad e idioma. Son dos cosas asequibles para cualquier otro español.

La singularidad es fácilmente demostrable, un análisis de A.D.N. confirmaría la teoría. Pero además podemos pedir un examen psicológico que demuestre que somos únicos e independientes. Aquellos estatistas que lo deseen pueden declararse iguales entre si y permanecer como españoles. Es posible que el análisis psíquico confirmara esta tara, no así el test clínico.

¿Y el idioma? No estoy seguro de que tenga que ser elegido un idioma no oficial anteriormente. Habría que estudiar la posibilidad de usar el inglés o el francés o, en algunos casos, el valenciano o el bable. Pero si hay que usar otros, el Klingon y el Navi están disponibles. Pero no dudemos en inventar nuestro propio idioma, especialmente si hay filólogos en nuestra nueva nación.

El proceso de independencia sería lo siguiente. Habría que empezar con unas elecciones entre los habitantes censados en un domicilio. Digo domicilio porque es la mínima unidad habitada documentada por España, con ciudadanos declarando ser parte de esa unidad. A partir de ahí, ver si es posible acceder a subvenciones por procesos electorales es cuestión de abogados. Si, en esas elecciones en tu casa, gana la independencia, entonces proclamas tu nueva Nación. En ese aspecto, los chalés unifamiliares parecen jugar con ventaja sobre los pisos, por aquello del territorio. Pero que la nueva nación deba tener un territorio también es algo discutible, ya que uno monta la nación que le sale de las narices ¿o no?

No debemos olvidar la ventaja de que la constitución española nos permite mantener el pasaporte. Eso facilita la movilidad mientras se tramita la burocracia internacional de reconocimiento de país o nación aterritorial. Como comprobáis, sólo hace falta voluntad real de hacer nación, el resto es papeleo. Si tarda, pero llega cuando más te apetece.

Se me ocurre una tercera opción si gana Junts pel Si. Que consigan un poco más de dinero, de autonomía, que Pujol y el clan salgan indemnes de todo lo que les pasa últimamente y a los demás nos sigan friendo a impuestos. Eso sería lo más continuista, lo más cobarde y lo más ruin. Encaja más con el níveles de nuestros políticos, aquellos que los medios llaman líderes. Unas amenazas basándose en el poder sobre la masa que cada grupo ejerce.

Esta oportunidad histórica para poder conquistar nuevas cotas de libertad está siendo pervertida por una caterba de candidatos vergonzantes. Niños grandes que usan las banderas como juguetes movilizan cientos de miles de personas, apelando a un concepto un poco menos vago que Dios, el Estado. Nunca lo hacen con intención de repartir justicia o respetar proyectos de vida ajenos, sólo con el fin de repartirse nuestros bolsillos por encima de nuestros cadaveres. Sus argumentos, dignos de niños de seis años, desvelan entrelineas sus mezquinas intenciones, mientras asistimos con los ojos cerrados de par en par.

Yo, por si acaso, voy preparándome. ¡Uníos a nosotros!

Por cierto, el título está en Klingon.


Follow Us
  • Twitter Black Square
Recent Posts
Search By Tags
No hay tags aún.