Las Bazas del Partido Libertario

Han pasado las elecciones, y los resultados son susceptibles de ser comentados.

El ascenso de posiciones ultraestatistas en las últimas elecciones ha extendido la preocupación de los liberales, que vemos nuestras aspiraciones políticas cada vez más alejadas. También los votantes del PP expresan su preocupación.

Hemos (como afiliado del partido libertario que soy) sufrido críticas por estar contentos con el resultado. Algunos expresan que debemos disimular nuestro programa con tal de ganar cierta cuota. Está claro que hay miedo y pulsión de vida en el ámbito antiestatista.

La polémica sobre la cantidad de votos que aumentó o no el P-LIB, si la culpa fue del fallo del logo o de la comunicación, me parece irrelevante. Quizás en la disputa por el poder, esos datos pueden parecen interesantes. Para los libertarios, hoy por hoy, las elecciones no son más que un indicador de cuánto se están difundiendo nuestras ideas, y de cuánto es el potencial de crecimiento. En realidad, como libertarios tampoco creo que aspiremos realmente a un poder que no deseamos para nadie. Es posible que nos bastara con un número de representantes suficiente como para poder establecer un reducto anarcocapitalista en el que poder mostrar nuestra sociedad. Pero incluso para eso necesitamos crecer, mucho.

¿Cuáles son las ideas que no penetran en la sociedad actual?

Descartemos cuestiones técnicas como el patrón oro. El adoctrinamiento estatal actual, ejercido de manera obligatoria desde la más tierna infancia, dificulta la llegada del mensaje. Luchas como la igualdad de derechos de los seres humanos(esclavos, homosexuales) se han llevado aparte del pensamiento libertario. A pesar de estar profundamente enraizadas en nuestra ideología, esas victorias no se nos han concedido. La legalización de las drogas no es una medida muy polémica, pero, desde luego, tampoco popular. La privatización de los servicios públicos(sic) nos pone directamente en contra de un alto porcentaje de la sociedad: los funcionarios. Igualmente, la devolución de la propiedad a los ciudadanos es un concepto difícil de transmitir. ¿Debemos ocultar esto?¿Edulcorarlo?

No. Las ideas del partido libertario son las únicas realmente revolucionarias, incluso históricamente es la primera vez que técnicamente es posible una revolución de este tipo. Esa es nuestra identidad. Ocultarla, pasados unos años, nos llenaría las bases de socialdemócratas leves, pero no libertarios. Ya no seríamos una opción.

¿Debemos proponer una imposición inicial de todo esto? Tampoco. Este proceso debe explicarse y llevarse a cabo poco a poco, incluso con ejemplos, si fuera posible.

Con esto quiero decir que la forma de enfocar el cambio a una sociedad libertaria debe hacerse con un poco más de paciencia. Es posible que la manera de enfocarlo no sea desmantelar el estado del bienestar, más bien debería ser la del crecimiento del anarcocapitalismo o, incluso, otro tipo de sociedades como anarcocomunistas, caciquistas o cooperativas.

Somos un pensamiento ilegal. Es duro decirlo, pero somos ilegales. Mientras exista la ley de expropiación, o incluso el voto democrático o el blindaje de funcionarios, podemos decir que, legalmente, estamos prohibidos. Las sociedades suelen rechazar los cambios rápidos y radicales, motivos por los que suelen hacerse por la fuerza. Por tanto, la verdad libertaria es que requerimos de una modificación del régimen del 78. Esto no despierta simpatías. Tampoco la posibilidad secesionista, con el distinto enraizamiento de los nacionalismos españoles, incluso entre los cuasiliberales(VOX).

Siendo humildes y respetuosos con la sociedad, ¿cual debe ser nuestra propuesta de gobierno para la totalidad de los españoles, de manera que no cause rechazo, incluso sin enmascarar las intenciones? ¿Como implantar la sociedad libertaria desde un estado democrático, y hacerlo pacientemente?

¿Qué propuestas libertarias pueden tener éxito hoy?

No tendré en cuenta a los libertarios formados, hablaré de los que no nos conocen.

En contra de lo que pueda parecer, nuestro público no son los ricos ni los millonarios. Nuestro púbico son los desarraigados.

En primer lugar, los nacionalismos regionales. Nos guste o no, la postura de la apatridia está en consonacia con los independentismos.

En segundo lugar, los diferentes. Transexuales, gitanos o inmigrantes se identificarían con varias propuestas del partido libertario. La libertad de datos en el DNI, la posibilidad de establecer guetos legalmente reconocidos(o simplemente no ilegalizados o la aplicación de la usucapión) y el permiso de residencia son buenos reclamos.

Estas son posturas de la actual izquierda radical española. El pensamiento mayoritario.

Están las abstenciones. De esto hay una mezcla grande. Hay libertarios que no están de acuerdo con el voto, ni siquiera como medida de defensa pacífica de una sociedad que libremente pregunta mientras mantiene el secuestro. También están los anarcocumunistas, que no votan porque tampoco creen en la democracia actual. Luego, los que saben que les van a joder, y como no ven opción pues no se molestan en el trámite. En este grupo tenemos mucho que rascar, todos recibirían nuestras propuestas de buen grado. ¿O acaso tenemos problemas los libertarios con que una población del país vasco o andaluza se declare anarcocomunista? No, mientras no nos fuercen, claro. Esta, que no es un pensamiento único, es la postura mayoritaria en España.

En estos grupos tenemos un alto porcentaje de votos por ganar, y lo haremos, aunque la comunicación nos costará mucho esfuerzo.

Ante el rechazo que puede suponer el desmantelamiento de lo público, hay una postura que puede tener mucho calado: la reducción de funcionarios y la agilización de trámites con nuevas tecnologías. La búsqueda de la eficiencia en el sector público es algo que todo ciudadano agradecería. Quizás es este el limite que nos debemos imponer para poder ser una opción de gobierno, y buscar el desmantelamiento público desde otra perspectiva.

Es decir: en vez de aspirar a privatizar las instituciones públicas, debemos aspirar a que exista una insumisión fiscal suficiente para crear reductos de libertad y crecer a partir de ellos.

Nadie quiere que le quites el hospital público. Pero, quizás si dices que eso se mantiene mejorando la gestión, pero se abre el espacio para que haya ciudadanos que opten por sistemas privados de educación, seguridad, sanidad, judiciales o de cualquier otro tipo, podamos rascar por el lado de la marginación. No soy abogado, pero estoy seguro de que la constitución puede permitir reductos anarcocapitalistas, siempre y cuando sean del Reino de España, y eso son sólo palabras. A los libertarios lo que nos importa no es el nombre del espacio geográfico que ocupamos.

Otra medida que puede ser popular es la ilegalización de la expropiación.

Por tanto, debemos afrontar varios retos internos y de comunicación, Tenemos que elaborar un claro esquema de convivencia entre las distintas sociedades del Reino de España. No debemos imponer el libertarismo, tan sólo hace falta no dinamitar su crecimiento. A los que quieran socialdemocracia se la debemos gestionar de la manera más eficiente posible, incluso hablarles de cooperativizar hospitales por barrios, que es una manera de mantener el servicio ‘público’ pero estaría ‘privatizado’. Y mientras, hacer entender a la sociedad que debe permitir otras sistemas organizativos para aquellos que los deseen. Esto presenta, claro, retos geográficos que hay que resolver.

O quizás hay otro camino, el de la descentralización. No implantar el libertarismo, pero favorecer la absoluta descentralización. Es decir, mientras gestionamos el Estado, ir delegando funciones hasta último térnimo: el ayuntamiento, e incluso este debe permitir la secesión o autonomía de los distintos barrios, y los barrios de sus ciudadanos siempre que respeten las cuotas comunes(inevitables).

Intentaré explicarme. Nuestra postura no debe ser la de estar en contra de la renta básica, debe ser la de aplicarla en aquellos municipios que lo deseen y la de permitir la insumisión fiscal y la del establecimiento de núcleos con otros sistemas en los que lo escojan. Nuestro punto fuerte es que puedes hacer lo que quieras mientras no te metas con nadie, aunque necesites cooperación. Es evidente que necesitamos cambiar algunas leyes nacionales, como la expropiación, el blindaje de funcionarios y el ámbito de aplicación del Estatuto de los Trabajadores. Pero eso es totalmente compatible con la constitución. Incluso los nacionalismos de todo tipo.

Este enfoque mezcla socialdemocracia y libertarismo, y no nos hace renunciar a nuestros principios ideologicos, si acaso los refuerza.

Nos convierte en una opción de gobierno para aquellos que deseen su mantenimiento. A ellos debemos explicarles que la libertad individual está por encima de la imposición colectiva, y que la libertad de movimiento y de sistemas garantiza la no explotación del ser humano.

La descentralización hasta el nivel municipal no es más que una aplicación, diferente y real, de los consejos ciudadanos que propone nuestra némesis. En nuestro enemigo, las ideas de la libertad también son una bandera: debemos ponerlas a prueba. En realidad, no se me ocurre ninguna razón por la que un Pablo Iglesias presidente no pudiera permitir reductos anarcocapitalistas, habida cuenta de que, lindando con una sociedad precomunista, cualquiera puede cambiar de régimen y, de una vez por todas, pondríamos a prueba la elección de los humanos entre sistemas. Ese sí sería un cambio.

Por supuesto, sin olvidar la libertad monetaria. La apatridia y el fin del monopolio del dinero son dos líneas rojas.

Nuestro punto fuerte es el respeto y la convivencia. La gestión eficiente para los que nos requieran, considerado como un puesto administrativo de cualificación media. Apartar la moral de la legalidad. Desvincular fe del estado, incluso la neoeconomía, que ha sustituido a la religión como elemento adoctrinante. Apertura de miras. Bienvenida. Todo está permitido, si tus vecinos te dejan.

Gracias a la providencia, no soy doctor ni especialista reconocido. Resolver la implantación técnica de esto no me corresponde a mi. Digo: que el marrón de cómo llevar esto a cabo debemos resolverlo, hasta el mínimo detalle. Si no, ni seremos percibidos como una opción de gobierno ni nosotros nos lo creeremos, porque nos sentiremos marginales. Y nuestra opción es la mejor manera de resolver los conflictos, somos lo correcto.

Me considero de la banda extremista del P-LIB. Soy anarcocapitalista. Pero este partido permite la apatridia, con lo que me engloba en su programa de una manera decisiva. Tampoco soy demócrata, y llevado a últimas consecuencias el libertarismo no lo es. Sin embargo, ni se me ha pasado por la cabeza pedirle permiso a nadie del partido para, como militante de base, expresar mi opinión. Siento la libertad de expresión como el ADN de nuestra ideología, y me cuesta imaginar una imposición de posturas desde la dirección del partido a los militantes, mientras los afiliados tampoco impongan nada. Es paradójico que haya más libertad en un partido no obligatoriamente demócrata que en aquellos que presumen de contar con la opinión de todos. Soy libertario, y puedo convivir con todos. Que me impongan criterios me rebela. Pero tampoco quiero quitarle a nadie su socialdemocracia, y comprendo perfectamente la manera de retirarle al gobierno sus posibilidades de legislar sobre la moral.

Somos una opción de gestión porque somos minarquistas. Somos una opción socialdemócrata para los que lo deseen porque no imponemos morales. Somos anarquistas porque creemos en la supremacía de los contratos privados sobre la legalidad impuesta. Esto es el cambio.

Entonces sólo faltará averiguar cómo defendernos de los ataques externos. Si se permite la posibilidad de construir un pueblo anarcocapitalista sin impuestos y de libre movimiento de capital y personas, es posible que se realice. Atraerá capitales. La unión europea no estará muy de acuerdo con esto. Se tendría que ver si están de acuerdo con la libertad de moneda, incluso. Estas son cuestiones que es legítimo que la gente plantee, y debemos saber cómo comunicar nuestras respuestas.

¿Cómo gestionaríamos el cambio? Y sobre todo ¿Cómo comunicar todo esto? O incluso ¿Sería esta la clave o será otra? Hay una que funcionaría muy bien, que algún famoso dijera públicamente que apoya al P-LIB. Es triste, pero es así.


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