Estrategia Comercial de los Animalistas

Parece plausible pensar que, ante el Toro de la Vega, la postura del libertario es la indiferencia. Ante el libertario no taurino, quiero decir. Desde luego, yo soy indiferente, y los demás que gasten su tiempo en lo que quieran. Más bien me molesta que se dedique tanto tiempo en los medios a esto. Me aburren los toros, y no me gusta la sangre como espectáculo, encima lo habitual no es una buena muerte. Pero lo cierto es que ocupa mucho tiempo.

Porque genera mucho debate. Asisto a la pérdida de neuronas gradual de mis compatriotas y, en parte, es como un cuento, con un triste final, me temo. Son unos cuantos millones de conciudadanos intentando averiguar la respuesta moral correcta ante una fiesta centenaria, esgrimiendo miles de razones para defender una u otra postura. Jamás la encontrarán, por supuesto. Pero lo que es importante es el fallo garrafal en la manera de decidir de las organizaciones políticas hoy en día.

Se pretende recurrir a la democracia para conocer que camino nos salvará de ser malotes. Entendemos que la respuesta mayoritaria será la correcta. Ya no importa la verdad, sólo la opinión mayoritaria. La democracia: que alguien que vive a 300km pueda decidir sobre mis costumbres. ¿qué recompensa esperan los animalistas?¿sanará su herida del alma con la supresión de la fiesta?

Las maneras de los animalistas no me parecen las más correctas. Con la violencia, con la disrupción de la sucesión normal de los acontecimientos, consiguen mucha atención de los medios. Aunque sabiendo que los que deciden en las urnas son los ciudadanos de Tordesillas, como emprendedor diría que equivocan su público objetivo.

Durante el año, podrían pasear y consumir amablemente por el pueblo. Mientras, repartir panfletos y contar su historia. Si caen bien seguro que les dejan montar un stand durante la fiesta. Mientras, a recoger firmas. Así un día tras otro. En vez de ir todos a una, repartirse turnos. No estoy en contra del proselitismo, siempre que sea ejercido sobre los demás. Así que entiendo perfectamente las movilizaciones en favor de los toros, de las ballenas, del cambio climático, de un presupuesto justo, de desregular todos los sectores y de todo en general. Si alguien tiene algo que contar, ¡Sálveme la indiferencia de prohibirle nada! Hacerse amigos de los que votan es más recomendable que enemistarse. Favorece el entendimiento. Satisface más el alma. Seguramente alguien habrá experimentado cierta sensación de superioridad al cerrar una venta o convencer a alguien de algo, yo no soy de esos, pero es para un amigo.

Ellos prefieren convencer a todos los que no viven en Tordesillas. Así conseguirán un cambio en las urnas del gobierno nacional y doblegarán al enemigo antes que convencerlo. A lo mejor no genera tanto debate, quizás no le importe a nadie. Pero los políticos se apuntan a la opinión que quede libre para rascar algún voto, puede que sabiendo que a los que no les importa les resulta indiferente.

O su análisis es necio o no existe, o es un despilfarro y no es eficiente. Aunque eficaz, me apostaría vuestro cuello a que podríamos rastrear alguna subvención en los movimientos animalistas. Ojo, como en las antiabortistas.

Observamos la quema de recursos y la quiebra de la convivencia. Estados nuevos contra viejos, pero siempre Estados. La democracia debe trascenderse y la tecnología, esa excusa tan usada para el determinismo u otros, viene a salvarnos.

En una Nación Sin Estado, Tordesillas podría ser una comunidad privada, a la que se le permitiría el uso de la fuerza para defender sus propiedades. ¿Hasta qué punto podrían los ciudadanos de Tordesillas impedir el acceso de los animalistas?¿Cubriría las necesidades del mercado algún nuevo ingenio en el área de la repulsión no violenta?

¿Qué pasaría si los ciudadanos votan en contra de continuar con la fiesta? Sin duda, para aquellos para los que fuera imprescindible, podrían independizarse. Formar otra colonia, con la fiesta. El trabajo de los animalistas continuaría: el campo de la competencia de las ideas, de la batalla de las barricadas más resistentes. Cuidado, que también podrían multiplicarse las comunidades que celebraran fiestas parecidas.

Qué duda cabe, el debate sobre los derechos de los animales está lejos de cerrarse. Eso de tener derechos sin obligaciones es una idea muy progresista, como la libertad sin responsabilidad. Hasta dónde extendemos el sufrimiento de los seres vivos, hasta los toros o hasta las berenjenas, no es una cuestión resuelta. Vivir en función de las sensibilidades ajenas no es sano.

No se si esa es una sociedad mejor o no. Me gustaría conocer al hombre capaz de contestar a todas las preguntas. Lo que se es que mi día ha sido como el de ayer, el Toro de la Vega no me lo ha trastocado. No quiero tener la oportunidad de decidir sobre lo que los ciudadanos de Tordesillas viven. Hago la excepción de querer para ellos libertad, pero tampoco se la voy a imponer. Pero el proceso estaría claro: si algo quiero cambiar en el pueblo, en una sociedad de administraciones independientes tendría que convencer a sus habitantes. No bastaría con hacer ruido para que los políticos tengan excusas para hacer como que trabajan. Las leyes, por simples, serán claras y de fácil aplicación.

Estas ideas, que son antiguas pero parecen nuevas, son ahora de aplicación gracias a la inmediatez de la tecnología. Internet nos permite la autonomía en las comunicaciones, el acceso a la información, la identificación, los movimientos financieros o el transporte y todo eso que ya sabéis. Pero es primordial entender que no debemos imponer a los demás la moral ajena.

Ese pensamiento tan simple es el único que los libertarios debemos labrar a fuego en la cabeza de los socialdemócratas y comunistas y anarcocomunistas y fascistas y nacionalistas y racistas de cualquier tipo. El que entienda eso nos permitirá crear nuestras comunidades privadas, y eso será la semilla.

Para mi es primordial la independencia fiscal y pagar por gasto. Estoy dispuesto a renunciar al derecho a llevar armas y alguna cosa más si empezamos por la independencia fiscal. Luego, poco a poco, juntar propiedades para constituir territorios, en los que todos los derechos serian respetados: la libertad, la propiedad privada y los contratos.

Si creo que hay una cosa que todas las distintas administraciones deberían respetar, algo como una constitución supraadministrativa. Entre los peores delitos, si no el más grave, debería estar el asesinato.

No perdáis la oportunidad de hacer pensar a los demás.


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