Ejemplos de infantilización

El 16 de junio pasado pudimos conocer, gracias a La Sexta, la historia de Manuel. Es un trabajador que fue desahuciado, cuyos ingresos no son acordes a su formación y que ha llegado al límite al no poder pagar las tasas del examen de selectividad de su hija, 180€. Ingresa alrededor de 600€ mensuales. Su mujer tiene trabajos esporádicos. El alquiler les cuesta 400€ mensuales. Hasta ayer, llevaba seis dias en huelga de hambre para reclamar un aumento de salario acorde a su formación.

La reacción popular ante este hecho, y lo que la narración de la noticia pretende, es la indignación. El sistema capitalista explotador llega a su máxima expresión privando al pueblo del conocimiento universitario. Esto provocará que esa niña no pueda ejercer un trabajo que le permita salir el pozo, y se perpetúa el esclavismo. Es difícil encontrar un ejemplo que resuma tan bien la situación actual del “pueblo”, de la gente o de lo que se llama ‘interés general'(que también se aplica a los partidos de la selección española). También es difícil resumir en menos de mil palabras todo lo que se me ocurre al respecto. Analicemos la situación.

Me pregunto si a Manuel le pilló por sorpresa que su hija iba a hacer la selectividad. Este examen no es una enfermedad, que sorprende y trunca los planes vitales. Es fácil pensar que la niña llevaba un mínimo de cuatro años esperando este momento. Si dividimos las tasas(180) por el número de días en los que se podía predecir el acceso a la universidad nos sale una cifra algo menor de 13 céntimos diarios. Si Manuel hubiera ahorrado esos 13 céntimos cada día, durante cuatro años, su hija habría podido rentabilizar su horas de estudio. Esto significa que la capacidad de planificación del padre ha sido inexistente.

No conozco Granada. Pero vivo en una capital de provincia un poco más importante que eso. A 30 minutos del centro de la ciudad encontramos alquileres de alrededor de 200 euros. Así que ni corto ni perezoso realicé una búsqueda en Internet y encontré varios pisos por debajo de 100€ mensuales, no comentaré los de menos de 400€. Si, con tres habitaciones y cocina equipada. La capacidad de renuncia de nuestro protagonista, la capacidad de frustración, es también inexistente.

Dice haber pedido una donación a la empresa. Sin conocer a nadie, basado e mi experiencia laboral y vital, entiendo la respuesta de la empresa: esto no es una ONG. Sin embargo, estoy convencido de que hubo alternativas: un adelanto salarial, que es práctica común incluso por minucias. Pero no cuentan eso. Sería una buena pregunta para hacer un buen trabajo periodístico.

Me pregunto si no hay nadie más al que podría haber pedido el dinero: familiares, amigos, vecinos, la calle. Además, meses antes del examen de la hija. Lo que ha decidido es reclamar un salario por encima del trabajo desarrollado.

Si, como padre, yo hubiera cometido tantos errores, me moriría de vergüenza y estaría seguro de que mi hija, con toda la información disponible, me guardaría rencor por haber condicionado su vida. Quizás, intentando echar la culpa a otros, por no poder asumirla, iría a la huelga de hambre en la puerta de la Universidad para llamar la atención y que mi hija pensara que si hago todo esto, y encima viene la tele, la culpa no es mía.

Ante esta situación la niña optará por alguno de los caminos que describiré. El primero, seguir la estela del padre en el que siempre confió. Pensar que la culpa es de un sistema desalmado sería el caldo de cultivo del odio hacia el empresario y el dinero: ellos son los que me impidieron desarrollarme. La niña, pues, jamás tendrá en sus manos su futuro. Dependerá de la bondad de terceros, a quienes responsabilizará de su trayectoria vital.

La segunda opcion es la que me gusta más y la que me parece más conectada a la realidad humana. Si la niña es consciente de las alternativas de las que el padre dispone, el mito del padre se le caerá a los infiernos. Aprenderá que aquel cuyo deber es protegerla le ha dejado atrás(probablemente con un tono más fuerte que el que empleo yo). Romperá las cadenas de la dependencia y tomará las riendas de su vida. Esto le dejaría, en principio, un profundo vacío. Ese vacío sólo se llena pasados muchos años, cuando el esfuerzo propio refuerza la creencia en uno mismo y, por tanto, en la raza humana. Por extensión, rechazará toda figura paternalista y desconfiará de ella. Identificará como peligrosos a aquellos que le dicen que saben gestionar su dinero. Elegirá a su pareja con otros criterios que los que habría imaginado con catorce años. En un mundo ideal, sería libertaria.

El padre es, sin duda ninguna, el responsable directo de que su hija haya malgastado el último mes de estudio, ya que el conocimiento adquirido lo podrá usar en el futuro. Creyó que el Estado proveía y dejó de planificar su vida. No planificó objetivos vitales porque no es necesario cuando papá Estado se ocupa de tu vida de principio a fin: te da un trabajo, paga estudios y médicos etc etc. Delegó su vida en otros, y no ha encontrado más que un profundo vacío, una mentira.

Es un ejemplo perfecto de hombre de su tiempo, pues. Aquel al que se le arrebata la conciencia humana y los instintos más básicos: supervivencia. Es una producción estatal, carne de cañón para recibir una renta básica. El candidato ideal ha pedirle un trabajo forzoso para devolver a la sociedad la renta básica. Es la foto del gol de Iniesta. Me gustaría echarle un poco más la culpa al Estado, pero conozco gente que observa la realidad y se da cuenta de esto. ¿Porqué Manuel no lo hizo?

¿Cómo podría una sociedad anarcocapitalista, prácticamente igual a una panarquía, solucionar esto, si hay solución? ¿Cómo lo hacen en Liechtenstein? ¿Y la hija, podría haber previsto esto?


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