España No Existe



Volvía, conduciendo, de Cuenca a Valencia tras comprar unas tinajas de chorizo de orza, con un amigo, por la A3. Me asaltó la duda. “¿Qué es España?” le pregunté. “Que pregunta más tonta. Mira alrededor…¡mira a la carretera! Joé macho que literal eres. Simplemente mira alrededor o hacia el frente, todo lo que ves es España.”


-Sólo veo tierra y las huellas del hombre. Y arboles y mar, pero sabes a qué me refiero.

-Eso es España.

-No la veo..


“España es todo lo que ves. Nos agrupa a todos los españoles”. No estaba satisfecho. Discutimos sobre que entonces, si nos agrupaba, debíamos tener algo distinto a los demás y genéticamente eso no se sostenía. En todas partes encontramos rubios, morenos, altos y bajos, Rh de todo signo, todo tipo de sangre y raza. Quizás había algo en la tierra que fuera distinta a la de Francia o Portugal. Ni corto ni perezoso, llené el depósito y nos dirigimos a la frontera, a La Jonquera.


Era casi la hora de comer, nos teníamos que dar prisa ya que le había prometido a mi mujer que volvería a comer.


Por razones que no vienen al caso, llevábamos un equipo completo de análisis de suelos en el portamaletas. Recogimos muestras. Aprovechando la coyuntura, sacamos tierra de Francia, Cataluña, Aragón y País Vasco.

No hubo éxito. Las propiedades físicas no cambiaban. Un poco la composición, pero no lo suficiente para establecer diferencias claras y determinantes.


-Me parece que es más un sentimiento. Por eso los vascos, catalanes y españoles son diferentes.


Yo le contesté que entonces era como el amor, el dolor o el sueño. Algo inevitable de sentir y universal. Pero entonces ¿porqué yo no lo había sentido nunca? ¿Porqué un alemán no lo notaba, no notaba ser español? Si era un sentimiento humano universal, no subjetivo, debía haber algo más.


Quizás fuera el lugar donde estábamos. Llamé a mi mujer disculpándome y diciendo que me iba a Valence y luego a Lugo, que llegaría a cenar. Si era un sentimiento, tipo morriña, era posible que cambiara en función de la distancia. Empecé a sentir algo a medida que me alejaba…


Eran remordimiento y morriña. Quería ver a mi familia y me sabía mal haber dejado sola para comer a mi mujer. Echaba algo de menos… pero no era nada ligado a algo físico, no era como que necesitaba la arena de la playa para seguir viviendo. Echaba de menos a mi familia, a mis amigos, a mi comida…pero llamar a eso España…


Ahora que estaba en Lugo me daba cuenta de que no iba a echar eso de menos, y eso también era España. Al volver pasamos por Jaén y lo mismo, no iba a echar de menos ese sitio…pero compré aceite. Mi amigo siguió intentado hacerme entender de camino a Valencia, empezaba a oscurecer.


-Yo cuando veo a Nadal, o una Naranja o el aceite… no sé, me siento bien, seguro, con ganas de decirle a los alemanes que tenemos lo mejor. Presumo del mar. Presumo de cojones y de listo.


-Eso se parece mucho a la soberbia.- le espeté. Empezaba a cansarme y a sentirme loco. ¿Cómo era posible que no entendiera yo un concepto tan simple o que él no me lo pudiera diferenciar de otras cosas?


-Macho que difícil eres. España nos envuelve a todos. Es un manto de pertenencia. Juntos formamos un grupo, una sociedad. Buscamos lo mejor para todos y luchamos por prosperar y mejorar, por el bien común.

-¿Un manto?

-Si, un manto.

-Ya. Pero… no lo veo. Hemos viajado por toda España y parte del extranjero, y no he visto ese manto. ¿Cómo que nos cubre? Entonces no podríamos tener un proyecto espacial jamás, habría que romper el manto…podría ser peligroso.

-Es que es invisible. No lo vemos, nos envuelve de manera ligera, está en el aire, etéreo, como el radiocassete.

-¿Invisible?

-Siiiiii….invisible. Eso.

-¿Como los ropajes del rey?

-¡Justo!-me dijo.


Pude volver a casa tranquilo. Al final lo había entendido.


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