Adoctrinamiento Silencioso

Una de las herramientas sutiles para borrar del subconsciente el pensamiento crítico es el lenguaje. Esa práctica es conocida como propaganda, aunque hoy es aplicada de manera sutil. Utilizar una palabra que de niño se identifica con connotaciones positivas para pervertir el lenguaje adulto es la manera moderna en la que el Estado empapa la psique con su sesgo. Sólo se puede hacer con conceptos abstractos, claro. No funciona con palabras como helado, donde el sabor es una realidad física contrastable y que todos tenemos la certeza de percibir igual.


Pero si tomas conceptos como amor la realidad se difumina. Un niño educado en el maltrato malinterpreta los actos violentos de las personas, identificándolos con protección, cariño, respeto… amor. No tenemos la certeza de percibir el amor todos igual.

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La inconsciencia general deriva de la eliminación de los conceptos del vocabulario. Desaparecen los significados de las palabras para ser sustituidos por otros nuevos. De esa manera se dificulta la expresión del sentimiento: eliminando el sonido que lo expresa. La rabia y la verdad quedan dentro, ocultas, generando una leve esquizofrenia al no poder identificar la realidad con lo socialmente admitido. Se me ocurre que puede ser un factor para deprimirse y tener síntomas sociopáticos. Si un niño tiene arranques cariñosos, pero se cría en un ambiente violento, el concepto de caricia puede desaparecer. Siempre se entenderá la familia como un lugar agresivo.


La medicina es, por supuesto, recuperar el lenguaje. Daré unos ejemplos.


La educación es el mantenimiento de las formas del contexto social en la que te encuentras, o bien la acumulación del conocimiento. Son dos significados posibles, todos valores positivos que transmitimos a nuestros hijos. El Estado, que decide apropiarse de la formación del conocimiento de manera monopolística, necesita una buena palabra para disimular su adoctrinamiento. Si lo llama educación, nadie se plantea, de repente, si hay más versiones de la historia o de sistemas sociales: la versión estatal se transforma en conocimiento.


Añadamos una definición de público: de libre acceso, audiencia. Todo positivo.


Juntos se transforman en conocimiento de libre acceso.


Sin embargo, los programas educativos los decide, de manera monopolística, el Estado. Con pocas variaciones. El Estado examina y evalúa a los alumnos en función de lo que son capaces de memorizar y repetir. Deberíamos llamar estatales a los servicios de monopolio del Estado.


En la escuela se memorizan los contenidos decididos por el Estado y cuyo conocimiento se evalúa por el mismo órgano. Ante este hecho, mi parecer es que no es educación pública, es adoctrinamiento estatal.


El segundo ejemplo parte de Hoppe: La democracia es incompatible con la propiedad privada. Habiendo explicado ya el punto, el dilema es si hay algo en el diccionario que defina mejor la situación de nuestras propiedades hoy. Existen otras dos palabras: usufructo indefinido. De esta manera, se entiende que tus bienes son en realidad propiedad estatal, dados en usufructo con libertad de compraventa etc. sin un período definido y, por tanto, heredable.


Son sólo un par de ejemplos. Hay muchos más que tendré placer en comentar.


Esto puede parecer una chorrada pero es un elemento indispensable para poder cambiar la consciencia popular. ¿Acaso no recibe el cerebro de manera diferente la palabra adoctrinamiento a la palabra educación? Si la decimos en público, si usamos la expresión adoctrinamiento estatal, alguien acabará preguntando a qué te refieres. En ese momento explicar los motivos son menos de treinta segundos y es un razonamiento que encierra un fuerte simbolismo.


Sirve también como ejercicio para inmunizarse ante el aluvión de medios socialdemócratas ingenuos y establecer las bases de pensamiento crítico: averiguar la realidad detrás del mito. Porque como los mayas usaban los eclipses como herramienta de control, no imaginamos la luz que se nos oculta, que pierde su brillo en los pliegues del cerebro.


Tenemos el conocimiento y hay que rescatarlo. El lustro que la propaganda estatista ha sacado al detalle, en su niebla de pensamiento, para ocultar el paisaje, es una ventaja amplia. El terreno perdido hay que recuperarlo. Animémonos a utilizar las palabras correctas, ayudemos a los demás a entender mejor la realidad.


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