Sobre la Nota 160

Originalmente publicado en Libertario.es


Toda acción humana tiene un propósito. No se puede no actuar a propósito.

Sobre la definición de gobierno y la posibilidad real de la anarquía, Taleb ha tomado recientemente su nota 160.


Teniendo en cuenta a Taleb y a Hoppe, una verdad trasluce. La ausencia de gobierno es imposible. Es decir, si tomamos como gobierno el criterio que rige la acción según los medios disponibles y el entorno. Por lo tanto, la manera de articular la idea. La acción humana nace de la idea, y la idea del propósito. Si el propósito es saciarme, la idea es cómo buscar comida. La acción es buscarla, solucionando los problemas.

Es decir, que aún el más impulsivo de los humanos tiene un propósito y una acción, muchos tienen poca idea pero si son humanos algo habrá. Incluso el individuo tiene un gobierno, que es esa reflexión en el cerebro que te dice ‘por aquí’ o ‘por aquí no’.

Es intuitivo, como la gravedad, que no se puede renunciar a un gobierno. La utopía anárquica es inalcanzable. Imaginemos a un ser humano desgobernado… un oxímoron, un caso clínico.

Pero creo que el tipo de administración al que aspira el libertarismo tampoco debe llamarse gobierno, así como al gobierno cerebral lo llamamos voluntad, o idea o reflexión o muchas cosas según el matiz que tenga. Estoy de acuerdo con estos dos Doctores y se plantea la pregunta de si el lenguaje ha resuelto este tema.

Tras miles de años de habla y escritura, es posible que el tema esté resuelto. Creo que lo llamaré administración. Quizás lo llame oficina central o departamento central, o bien gestora de la comunidad de vecinos. Puede que al final, por acortar, lo acabe llamando ‘el Despacho’, aunque eso tiene un tinte burocrático feo.

Trasluce otra verdad: los libertarios son individualistas. Pero el colmo es que los mismos libertarios nos enfrentemos en dialécticas inútiles. Es tiempo de que el libertarismo trascienda lo intelectual y pasemos a la acción.

Los anarcocapitalistas creemos en la asociación humana, de iniciativa privada. Pero nos da vergüenza asociarnos con otros humanos para hacer proclamas, tan usadas por el socialismo.

Los anarcocomunistas no se fían unos de otros. Estoy convencido de que una sociedad anarcocomunista tampoco aguantaría a los gorrones, y el convencimiento de que siempre hay alguno les hace tener un recelo inconsciente del grupo.

Los anarcocapialistas y los anarcocomunistas no nos mezclamos.

Sin embargo, en una sociedad libertaria el ideal debería ser el mayor número de sociedades autónomas, o circunscripciones o la palabra que el Dr Taleb quiera, para poder competir, cotar con los pies y encontrar la prosperidad. Incluso conviviendo con ciudades socialdemócratas o abiertamente comunistas.

Aqui sale otro tema, el del tamaño. El Dr Taleb sostiene que se necesita un tamaño pequeño para que la sociedad libertaria tenga cierto sentido. Estoy de acuerdo en parte. El tamaño debe ser el justo, ni más ni menos, para poder votar con los pies sin mayor coste. Pero lo tendrá o no. A lo mejor trascendemos el ideal y un tipo de organización determinada crece por ser la más conveniente. Lo que sí es seguro es que el tamaño será muy aproximado al necesario, no crecerá más de lo que pueda y se extinguirá si eso sucede.

De lo que dudo un poco más es de que el sistema democrático cuente alguna vez con los libertarios, ya que si el Estado creyera que su disolución se puede votar lo prohibirían. El Estado es una entidad criminal cuyo propósito es la extracción de riqueza de sus ciudadanos y Estados contiguos.

Tenemos una idea. Unámonos los que la compartimos. Una vez la logremos, articulémosla como nos parezca, primero separados y luego comerciaremos, y luego ya veremos. La Nación Sin Estado es posible hoy.


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