¿Te sientes libre?


Libertad es la posibilidad de elección responsable entre las distintas opciones posibles.


La libertad sobre la propiedad incluye la posibilidad de elegir, responsablemente, transportarla como se quiera y donde se quiera.


Si el secreto no es una opción, se recorta la libertad.


Los Estados son entidades criminales destinadas a engordar su poder. Por la historia, parece que sobre todo conseguían riqueza mediante la anexión de territorios contiguos. En algún momento, la tierra disponible por conquistar desapareció. Sólo se podía obtener más riqueza mediante el robo a otros Estados o su asociación. En otro giro más, un grupo de Estados deciden pactar la paz bajo un gobierno superior, el de la moneda refugio, y entonces pasar a obtener la riqueza de sus ciudadanos.


El Estado, entonces, debe pasar a controlar la población. Lo primero es contarla y ponerle nombre o un número, si usas un ordenador. Saber en qué trabaja y cuánto gana también, porque tu finalidad es obtener su riqueza.


Tienes que llegar a un acuerdo con otros Estados, para dilucidar qué ocurre en caso de movilidad geográfica. Por supuesto, esa movilidad pasa a estar controlada o limitada, en función de acuerdos bilaterales o regímenes políticos.


Pasamos entonces a la era en el que, con la excusa de la seguridad internacional, los ciudadanos mostramos el número identificativo cada vez que atravesamos fronteras. Asumimos que un encargado del Estado viole nuestra autonomía rectal si le nace. Permitimos el escrutinio de nuestras pertenencias.


¿Acaso en algún momento de la historia hemos estado tan vigilados por el Estado, y con una libertad de movimientos y negocios y divisa más restringida?


Sin embargo, nos sentimos libres.


Propongo que lancéis el siguiente enunciado en una comida familiar, en casa de amigos o en algún foro relativamente público: "La democracia es incompatible con la propiedad privada"(gracias Hoppe) o bien que "Al ser demócratas, todos sois comunistas".


La sensación que recorre a las personas se ve, se nota. Les recorre el cuerpo un latido caliente que hace pensar que es como si en el S XIII hubieras dicho que Dios no existía.


Luego lo comentas en redes sociales y creas amistades. Díselo a tus jefes, a tus clientes, a tus trabajadores, a tus padres, a los comerciantes de tu zona. Si encuentras un policía se lo espetas. Comenta en voz alta y en clase a tus profesores de economía que el multiplicador es una falacia, que la reserva fraccionaria es un robo o que las expansiones monetarias generan pobreza, o a tu profesor de políticas. O simplemente, grita que España no existe. Aprueba la selectividad, o lo que se haga ahora, contando la historia desde una perspectiva austríaca.


Cada vez es más difícil defender diferencias entre sexos, libertad de armas, libertad de negocio o de expresión.


Sin embargo, nos sentimos libres.


Después de todo esto, intenta actuar. Propón a tu administración de Hacienda que te declaras objetor. Dile al ayuntamiento que harás lo que quieras en tu terreno. Dile a tu empleador que renuncias a la seguridad social o procura proclamar una república anarcocapitalista en un pueblo abandonado.


Estamos intentando justo eso. Quizás la aventura la acaben dentro de varias generaciones, pero si no se empieza seguro que no terminamos.


Vamos a demostrar que somos libres, a pesar de todo.



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